
Punto de partida. Gentleman.
Según parece el halago debilita, el ego sube, sube, sube,… luego, cuando menos lo esperas cae rapidísimo, a más de treinta metros por segundo.
Y se hizo el vacío. La ingravidez total.
Donde están los aduladores formados?
Siempre supe ver donde me encontraba, ahora no iba a ser menos.
Contradicción.
En estos momentos felices, con reflexiones y decisiones vitales que me llevan a un caos desconocido, el halago no iba a confundirme.
Me quedan por escribir algunas hojas de historias aún no contadas pero cada vez lo veo como algo más privado, quiero que se acabe el contrabando de opiniones sin opinión de los llamados: demás.
La libertad en la que vivo me permite ver las cosas desde un margen imaginario, ahí estoy, ambiguo, para no perder lo que debería ser un hecho diferencial: la elegancia (poco valorada pero que nos permite alejarnos de la vulgaridad).
En ese intento sigo, quizás, al final, todo esto me estallará y no me quedará más remedio que salir corriendo.
Huir.
Será la única salida, porque en el fondo, todos somos incapaces de ser como realmente somos sin hacer un descosido en los que intentan estar cerca nuestro.
PD: Me corto la melena o sigo con esta peluca?