
Un círculo completo, un año de blog.
El tiempo no sé si lo cura todo, como mínimo recoloca, mejor o peor, todos los puzzles por muy rotos que estuvieran.
Miro atrás.
Paseo por los tiempos en los que parecía que había fracasado, cuando un escrito, encontrado, hablaba de aprender a curarse, hablaba de seguir caminando con aquellas cicatrices como souvenir.
Paseo por aquellos viajes entre sidra cuando iniciaba la vuelta, para quedarme, mientras hacía hueco entre sentimientos transparentes a sensaciones nuevas (que no dejan de llegar).
Paseo por los tiempos del verano inolvidable (haciendo el robot), anticipado al tiempo de las cerezas, mientras elegía entre el dolor y la nada.
El empuje que te otorga la sensación de sobrevivir cuando ya creías que era imposible, te hace descarado, a veces incomprendido, pero te sientes fuerte, incluso te permites el lujo de querer verla de nuevo contenta.
Paseo por los cajones donde guardaba mi felicidad (aún la conservo), pudiéndola mezclar con viejos retales, retales donde había que volver a empezar (vaya premonición).
Paseo por mi propio plan renove, en parte, gracias a esos personajillos no tan anónimos que hicieron de bastón mientras me hacía mil preguntas y respuestas (extrañas, pero mías).
Desde aquí, sigo paseando, a veces corriendo, sin mirar atrás, consciente de haber asumido todo lo vivido aunque algo desconcertado aún.
Desde aquí, estoy alto, muy alto, intentando controlarlo todo desde la cima de esta montaña de viejos escombros y algunas melancolías.
Problema.
Por donde sigue ahora el camino?
Te vienes?
No habrá explicaciones…